sábado, 24 de septiembre de 2022

Maff y Osso

 

"Maff y Osso" eran una pareja de gangsters creación de Julio Fernández (suyos fueron los primeros guiones) y el dibujante Jiaser, seudónimo de José Antonio Serna Ramos (1927-2011) que también dibujaría para bruguera a "Cucaracho" o "Tica"
En "Maff y Osso" asistimos a una parodia del mundo de los gánsteres en toda regla con todos los elementos característicos.
La acción transcurría en Chicago, la ciudad gangsteril por excelencia al acoger en los años 20 al famoso Al Capone. De hecho, el “boss” de la pareja, un capo tartamudo, se llamaba Al Tappone, obvio homenaje al gánster. Otro homenaje lo constituía el agente de la ley y eterno enemigo de los protagonistas, Elliot Yes, parodia de Elliot Ness, el agente del tesoro estadounidense, famoso por sus esfuerzos por hacer cumplir la Ley de Prohibición en Chicago, como el líder de un equipo legendario apodado Los Intocables, que inspiró numerosas series de TV, como los Intocables, protagonizada por Robert Stack en el papel del agente, y películas, como "Los Intocables de Elliott Ness", dirigida por Brian de Palma en 1987, por la que Sean Connery ganó el Oscar al mejor actor secundario ese mismo año. Por cierto, que la parodia de los Intocables en Maff y Osso eran "Los Insoportables".
Los dos amigos (de lo ajeno) protagonizaban episodios plagados de confusiones, atracos, tiroteos, persecuciones y más de un final en chirona, situaciones a las que los sucesivos guionistas sacaban buen partido cómico. Sus historias se publicaban en las principales revistas Bruguera durante finales de los 70 (1978 aproximadamente, en Mortadelo) hasta la desaparición de la Editorial.
Osso, el segundo de a bordo, era un tipo corpulento, el músculo de la pareja. Un personaje anodino gráficamente, pues no se diferenciaba demasiado de cualquier secundario que apareciera en la serie. El estilo de Jiaser, era inconfundible, dinámico, y se salía de todo lo establecido por Bruguera. Supongo que en los últimos años tenían más “manga ancha” en cuanto a los estilos, no tan encorsetados como en tiempos del señor González, y aparte de a Jiaser, Bruguera publicó a autores (los conocidos como de la generación del 70, la última generación) como Rojas, Esegé, Allué, los hermanos Fresno (que firmaban como Fresno´s), Joan March, Jaume Rovira, Alfonso López y Vaquer (que firmaban como Frankfurt) o Jan.
Los personajes de Jiaser sonreían enseñando los dientes, tenían rizos que surgían rebeldes, como las voluta de humo del puro de Al Tappone; las suelas de sus zapatos se veían constantemente y de frente, sus piernas eran muy finas y se doblaban en ángulos…angulosos. Las onomatopeyas, las líneas cinéticas, las estrellitas de dolor, la líneas de expresión… todos elementos muy característicos del dibujante alicantino. Jiaser llenaba sus historietas con espirales.
Como el rizo que se le veía al engominado Maff, resistiéndose al ungüento capilar, cuando no llevaba ese enorme sombrero (en comparación con el diminuto que cubría a Osso). Osso llevaba pajarita, y Maff, historiadas y enormes corbatas, no tan elegantes como las de su jefe Tappone. Maff tiene una cara redonda y grandes ojos, y recuerda vagamente a cierta criatura nativa de la selva de Palombia… o al menos a mí siempre me lo ha recordado. Se vestía con más distinción que su compadre, con un traje cruzado de doble fila de botones, o quizás fuera que su mayor esbeltez le hiciera lucir mejor y le facilitarse el abotonarse la americana. Osso tiraba (y nunca mejor dicho) de ametralladora Thompson, modelo de 1921 con cargador de tambor (también conocida como Tommy). Maff, en cambio, prefería portar una pistola, presumiblemente un Colt 45 automático.
En estas historias vemos también los asuntos recurrentes que hemos visto mil veces cuando se rata la temática gangsteril, como el cobro del “impuesto de protección”, póker, whisky (ambos ilegales), contrabando y muelles, pero los coches no se corresponden con la época, más bien parecen coches de los años 60, como pronto, por lo que no vemos ninguno de esos bonitos automóviles con estribo, donde se apostaba un tipo durante una persecución para tirotear al rival. E incluso vemos un helicóptero, cuando el primero que se fabricó para uso civil fue el Bell 47 en 1946, y el primero manejable se fabricó en la antigua Unión Soviética en 1932. Así que Maff y Osso ha de transcurrir… en un mundo paralelo situado en el Universo Bruguera.






lunes, 19 de septiembre de 2022

La familia Trapisonda (y un poco la familia Cebolleta)

 

Corría el año 1958, hace ya 64 años, cuando el máximo artífice de las inspiraciones bruguerianas, el señor Rafael González, debió de pensar, un poco harto de que su dibujante estrella, Manuel Vázquez, fuera un tanto displicente e irregular en sus entregas, que bien podía recurrir a un joven prometedor, admirador del despreocupado Manolo, con un estilo muy parecido en el dibujo y un sentido del humor parejo, un chiquillo de 22 años llamado Francisco Ibáñez. Como su anterior encargo, una pareja de detectives un tanto chapuceros, parecía ir teniendo tirón, le confió la creación de una historieta sobre una familia que fuera como la familia Cebolleta, pero sin ser la familia Cebolleta. Que tuviera algo distintivo, que se supiera que era del tipo que dibujaba a Mortadelo y Filemón, pero que recordara a la familia que dibujaba Vázquez. Se supone que esta iba a ser la fórmula del éxito.
Así que, poco antes del 7 de julio de 1958, Ibáñez se presentó con unas cuantas páginas, pues estas se compraban por lotes, y se publicó una de las del lote, no necesariamente la primera dibujada, en el número 1418 de la revista Pulgarcito.
Nacía así "La Familia Trapisonda, un grupito que es la monda" (los ripios, en Bruguera, que no faltaran)
Del Pulgarcito pasó a las “Selecciones del Humor de El DDT” y también al “Ven y ven” (después “Suplemento de historietas del DDT”) y a la contraportada del “Capitán Trueno Extra” donde se publicó desde 1960, llegando incluso a protagonizar una portada, una de las primeras que Ibáñez hacía, así como la inclusión de chistes protagonizados por el señor Trapisonda y compañía ilustrando la sección “Os lo cuenta Rodolfo Tuercas”, una tira de divulgación como tantas que se publicaban en los tebeos de la casa protagonizada por un robot que originalmente salía en una serie de ciencia ficción llamada Víctor, Héroe del espacio, con guion de Victor Alcázar (uno de los pseudónimos de Víctor Mora) y el apócrifo por antonomasia, Martínez Osete, quien también hizo esa tira y aprovechó, como vemos, para dibujar a la familia Trapisonda. Finalmente se convirtió en una de las fijas del DDT. Y con el devenir de los años, fue publicada como relleno en todas y cada una de las publicaciones que estuvieran editándose en aquellos momentos a modo de relleno, como ocurría con cualquier serie de la casa.





Al principio se trataba de historietas sobre una familia cuyos componentes eran un matrimonio y sus sobrinos, la mascota familiar y una asistenta. Ninguno de ellos tenía nombre de pila de momento. De hecho, unas semanas más tarde se publicó una historieta en la que llegaba un sobrino de Oxford, sobrino de la mujer, que resultaba ser el niño con gafas y birrete… cosas de entregar las historietas por lotes; se publicaban de forma desordenada, e incluso alguna se iba quedando en el cajón de pendientes durante semanas, mientras entregas más recientes se iban imprimiendo. Así, ¿Cómo iba a haber un mínimo de continuidad en el universo Bruguera?
La diferencia entre los Trapisonda y los Cebolleta radicaba, principalmente, en el irrepetible abuelo, del que los Trapisonda carecían. Había dos niños en lugar de uno, la mascota no hablaba, solamente pensaba (y mal), el loro Jeremías de los Cebolleta sí hablaba, y en lugar de hija de buen ver, tenían asistenta de no tan buen ver que, al igual que la hija de los Cebolleta, acabaría desapareciendo.
No deja de ser curioso el caso de la asistenta, o la chacha. La chacha, actualmente empleada del hogar, es un personaje recurrente en Bruguera. Era algo habitual en la España de aquellos días.
Al contrario que la “señora de la limpieza” o “la chica que viene a casa a ayudar”, que era externa, la chacha o criada convivía con los señoritos, que eran de clase media-alta o alta (ya con clase aún más alta, tenían a más de una persona a su servicio). Hasta Rigoberto Picaporte (que no era de clase alta, ni mucho menos) tenía chacha.
En el caso de los Trapisonda, todo parece indicar que se trata de una familia de clase media tirando a baja, pero tenían chacha, aunque fuera sólo como algo hecho para diferenciarse de los Cebolleta.
Robustiana, tal era el nombre de la doméstica, desapareció al poco tiempo de la vida de los Trapisonda sin más explicación. Posiblemente no funcionó, o a Ibáñez le apeteció (con el permiso del señor González) porque ya no daba más juego. Su aspecto era grotesco y nada agraciado, a pesar de lo cual (o debido a ello) atraía a numerosos “novios”. En una de las historietas, no obstante, se nos presenta a una chacha mucho (muchísimo) más agraciada… que parece ser que a la censura no le pareció bien y en reediciones de esa historieta, fue cambiada por una mucho menos agraciada, dibujada por encima probablemente por Gossé.
Por otro lado, una constante del servicio doméstico y sus empleadores en Bruguera consistía en que, al convivir, se convertían (si es que no lo eran en origen) en parte integrada de las respectivas vidas e historias. Como chachas tenemos a Petra, protagonista, que convive con su señora, convirtiéndose esta en parte indispensable de las historias de la criada por antonomasia de la historieta brugueriana. La otra criada por antonomasia es Eufemia, que aportaba una nota de color a la vida de Rigoberto Picaporte. Aunque para nota de color la de Panchita, la fámula de
el Doctor Cataplasma. Una por protagonista y las otras dos por secundarias indispensables (sobre todo Panchita, debido a lo reducido del elenco cataplásmico) tenían un rol que no pintaba que fuera a alcanzar Robustiana, así que se la eliminó del escenario.




Rigoberto Picaporte y su "chacha"

La "chacha" Petra, de Escobar

Panchita, la criada negra del Doctor Cataplasma


Conforme pasó el tiempo, los Trapisonda se fueron acercando a los Cebolleta, haciéndose más…confundibles. Aparte de la ausencia del abuelo (que de todas formas no aparecía en todas las historietas de Cebolleta), y la diferencia entre los niños (de uno a dos, y uno de ellos con aspecto empollón, aunque el niño Cebolleta pasó en una de sus encarnaciones por una fase empollona) tenemos a la mascota, un loro parlante en el caso de los Cebolleta que se comunica con toda naturalidad con Rosendo y compañía. Los Trapisonda tenían un perro, Atila, que no hablaba, como ya he dicho; pensaba. Y le tenía una manía casi (o sin casi) homicida al cabeza de familia.
Como detalle curioso, fijaos en la época en que Ibáñez parece un clónico de Vázquez (o los Trapisonda de los Cebolleta), la de las orejas en espiral, en el detalle de las esculturitas abstractas que decoran la casa de los Trapisonda, muy características de los Cebolleta.




El cabeza de familia es, en los dos casos, Trapisonda y Cebolleta, el protagonista de las historietas. Ambos tienen, además, un aspecto similar, o mejor dicho, son clónicos. Sobre todo cuando Ibáñez dibujaba como Vázquez, en los tiempos de las orejas en espiral. Y ambos son oficinistas. ¿Ambos? No, pero sí.
Y es que, al principio, precisamente cuando Ibáñez dibujaba como Vázquez, en los tiempos de las orejas en espiral (repito), el cabeza de familia de los Trapisonda era bombero. Le podemos ver vestido como tal o haciendo referencia a su profesión. Lo curioso es que era un bombero especial, casi un bombero oficinista; Ibáñez representaba a este personaje acudiendo a un trabajo tan especial como si tal cosa. En lugar de ponerse el sombrero y coger un portafolio, se ponía el casco y se echaba al hombro una manguera enrollada y decía “Bueno, voy a ver si apago un poco algún fuego”. Otro detalle que le diferenciaba de Rosendo Cebolleta era que el señor Trapisonda lucía unas pequeñas gafitas, que me da la impresión de que eran añadidas a posteriori para diferenciarle del paterfamilias original vazquiano. Hasta tal punto que, finamente, también perdió esta característica.
Pancracio Trapisonda (ya era hora de decir su nombre, pero es que tardó en ser bautizado) acabó dejando su trabajo de bombero (como es habitual en los tebeos de Bruguera, sin solución de continuidad y de la noche a la mañana, o entre un número y otro) y se convirtió en un gris oficinista…
Las intervenciones del jefe sólo auguran malos tiempos para Pancracio, pues inevitablemente, tal es la ley del universo Bruguera, si algo malo le puede ocurrir al protagonista, peor será (excepto a Feliciano o Pitagorín). Lo más común es que, por la razón más peregrina, el jefe se acerque a la casa de Pancracio (en lugar de acudir Pancracio a la oficina) y acabe ocurriendo algún hecho catastrófico que desencadenará el fulminante despido del pobre Pancracio.

Pancracio, bombero.

Pancracio y su jefe


Rosendo y Pancracio son calvos, llevan bigote y lucen pajarita, pero Pancracio es un personaje con peor fondo que Rosendo. Ambos llevan el peso de ser cabezas de familia, económicamente hablando, con lo mal que les va en el trabajo (deben de ser los personajes más despedidos de sus trabajos del mundo), pero es que Pancracio une a su desgracia de ser un personaje marcado por el cruel destino de ser uno de esos pobres desgraciados de Bruguera, un carácter prepotente e incluso envidioso del que Rosendo, más entrañable, carece. Y eso se traduce en un mayor distanciamiento de su familia. A pesar de ser, como no, familias altamente disfuncionales, dentro de los estrechos parámetros que la censura permitía, los Trapisonda abundan aún más en esto, y tanto los sobrinos como su mujer acaban muchas historietas haciendo amargos reproches a Pancracio, cosa más rara de ver en los Cebolleta. Por no hablar de las mascotas, ya que Atila es uno de esos perros de Ibáñez (que también cultivó Vázquez) dueños de una mala gaita demoledora. El caso de Atila, que en este caso es el peor enemigo del hombre, es extremo, ya que propone incluso maneras de acabar con la vida de Pancracio.




Si ya de por sí los Trapisonda eran una familia muy, pero que muy disfuncional, la censura les convirtió en una familia… extrañísima, por decir algo suave.
La actitud de la mujer y los niños hacia Pancracio atentaba contra los valores tradicionales de la familia cristiana que requerían, entre otras cosas, respeto a la figura paterna. Por eso los hermanos Zipi y Zape, que deben de ser los únicos niños del mundo brugueriano clásico que tenían padres, atemperaron el inicial carácter de sus bromas y travesuras, y los castigos de don Pantuflo desproporcionados, también se suavizaron. El resto de los niños Bruguera (hasta que apareció Roquita, que ya tenía madre, o Benito Boniato, ya crecidito, que tenía padres) eran por definición sobrinos. Como excepciones: los niños de La alegre pandilla (con "Mus" que parecía un adolescente que vivía solo) y los adolescentes o niños ya crecidos, como los componentes de La Panda, o en general todo aquel vástago que no proporcione ningún tipo de quebraderos de cabeza a ninguno de sus progenitores, porque sus hazañas y proezas en el mundo del gamberrismo se produzcan fuera del ámbito parental, quienes se limitarán a ejecutar la férrea acción justiciera y punitoria. Este sería el caso de Pepito, el sobrino de Rigoberto Picaporte. En el caso de Luisito, el respetuosísimo sobrino de Don Pío y Benita, su sobrinismo, unido a una atemperación del abrupto carácter de Doña Benita, para suavizar el tono de la serie de cara a la ridícula censura, venía dado por su ausencia inicial en el seno del matrimonio. Resultaba impensable que fuera hijo para no tener que presuponer de dónde había salido en infante, ¿acaso los esposos Pío se habían abandonado al deplorable vicio de la fornicación, por muy bendecido eclesiásticamente que estuviera su matrimonio? Pues sobrino al canto.
Así pues, Felipín y Sabihondín fueron sobrinos de Pancracio desde el principio (Aunque Felipín fuera de vez en cuando hijo de Leonor), para evitar estos conflictos. Parece entonces que se ejerció la peor forma de censura existente: La Autocensura, ejercida por miedo a la censura oficial. Pero esta sobrinez les permitía vituperar la figura pseudopaterna convertida en tío sin temor a las iras de los de la tijera. Felipín, moreno, travieso y con cara de malo, y Sabihondín, calvo, con gafas, vestido de negro y tocado con un birrete y aspecto de empollón (pues recordemos que en un principio venía de estudiar en Oxford, y así se quedó)
Y si Benita se extralimitaba en sus atribuciones matrimoniales al castigar durísimamente al pobre don Pío, y por tanto hubo de suavizarse en extremo, se decidió que la mujer de Pancracio, que llevaba el mismo camino, en lugar de atemperarse, se convirtiera en su hermana. Y ya como hermana supimos su nombre: Lucrecia (solo sale mencionado en cinco historietas de la serie) por lo que no se sabe por qué casi todos los estudiosos de esta familia le adjudicaron el nombre de Leonor.
Así que tenemos a una pareja de hermano/hermana viviendo juntos con unos sobrinos a su cargo que, si no son los suyos es porque hay un tercer hermano por ahí del que no sabemos nada. Un hermano o hermana de estos dos hermanos que igual falleció, pero que puede dar lugar a pensar que se trata de un padre o madre desnaturalizado/a que ha abandonado a sus hijos, dejándolos al cuidado de sus hermanos. Y si nos ceñimos a la historieta de la llegada de Sabihondín, en que este es el sobrino de Leonor, que no el de Pancracio… ¡La autocensura provocada por la censura monta un lío familiar de (falta de) padre y muy señor mío! Y es que el no saber por dónde te puede salir el censor ha de ser muy duro. Y encima con un perro que desea con fervor que le suceda algo muy malo a su amo, y si ese algo es la muerte, mejor que mejor. Si esto no es una familia disfuncional...
Y como último apunte, en las dos últimas fotos, podéis observar el dibujo "vazquiano" de Ibáñez (penúltima) y el dibujo de influencia franco belga de la época de la primera aventura larga de Mortadelo y Filemón "El sulfato atómico" (última)





Estilo "Vazquiano" de Ibáñez

Estilo Franco Belga.



miércoles, 14 de septiembre de 2022

Sir Tim O'Theo y su mundo.

 

Sir Tim O´Theo, a diferencia de los principales y más grandes personajes de la editorial Bruguera, nace con una diferencia que le hace aún más atípico dentro del mundo de la Escuela Bruguera. Mientras que Anacleto, Zipi y Zape, Don Pío o Mortadelo y Filemón alcanzan su cénit tras una relativamente larga evolución, mostrando un progreso que va definiendo los personajes y la historia, Sir Tim aparece ya casi totalmente definido y evolucionado, tanto temática como estilísticamente. Raf era un dibujante muy experimentado y llevaba suficientes años como para presentar un producto terminado. Quizás lo que impidió a la serie alcanzar el éxito que merecía fue esa exquisitez que la situaba por encima de la media, el no buscar el chiste fácil (la mayoría de las veces, que de todo hay), y algo que la separaba del resto, más brugueriano y hecho para lectores bruguerianos. Y también la propia Bruguera, que apropiándose como no podía ser de otra manera de los derechos, impidió a Raf, en cuanto pudo encontrar aires más sanos, seguir dibujando las historias del detective británico y sus paisanos.








El elenco de habitantes de Bellotha Village y aledaños, así como forasteros es tan extenso como variopinto, y conforma un universo único dentro de los tebeos publicados por Bruguera en lo que se refiere a continuidad, pues un personaje aparece en una historieta, y si reaparece lo hace mostrando coherencia con lo que ya se había mostrado anteriormente. Una excepción, cuya explicación se me escapa, sería la de uno de los principales secundarios, valga la contradicción. El sargento Blops aparece casado con alguna que otra señora que no muestra continuidad cuando se muestra este hecho, se supone que “por exigencias del guion”, al tratarse de un personaje anecdótico. Es decir, es un personaje que aparece porque la historia así lo demandaba. Pero Blops es soltero en la mayoría de las historias, o al menos no aparece la necesidad de hacerle parecer casado. Ni siquiera para el típico juego del marido que pasa demasiado tiempo en el “Ave Turuta” descuidando sus deberes conyugales, causando la justa ira de su desamparada esposa. Para eso ya tenemos al burgomaestre.






















El “Ave Turuta” sería un centro de reunión del pueblo, un escenario recurrente, lo cual le viene de perlas a Huggins, quien ha de ganar “money” gracias al papel que le toca desempeñar a su Pub, aunque sea a costa de Patson. Huggins, como extensión de “El ave turuta” hace de elemento aglutinador de la población “bellotavillense”. También hace de “recepcionista” de forasteros, pues al pub se dirigen los recién llegados para interesarse por aspectos locales como alojamiento, sanidad, acuartelamiento de la “police”… Huggins oye a veces más de lo que debe, y como buen ciudadano, va a dar cuenta de conversaciones presuntamente pro delincuenciales o de individuos de sospechosa catadura, lo que de vez en cuando, en virtud del gag tipo “confusión al escuchar algo fuera de contexto”, le causa no pocos problemas.
El soplón oficial del lugar es un individuo esmirriado, con descuidadas guedejas, vestido con un traje de baratillo y tocado con una gorra que atiende al nombre de Chy Watto, cuyos soplos son también fuente de confusiones y sonados fracasos.
También está afincado en Bellotha Village un científico escocés bajito, tocado con la típica boina escocesa (conocida como Glengarry Bonnet), tan sabio como tacaño. Mucho más que el Sir, el Profesor McGuillicudy
Y si Huggins actúa de recepcionista extraoficial de Bellotha Village, quien primero tiene noticias de que alguien se aproxima atravesando la campiña es “Foody”,cuidador y criador de cerdos ataviado como tal, incluido un enorme sombrero, posiblemente de paja, y que parece ser el único representante del campesinado del pueblo.
Volviendo a Blops, en alguna que otra historia aparece residiendo en una pensión, con su patrona y todo, lo que sugiere definitivamente que se trata de un soltero (ya solterón) que aún no ha sido cazado para sentar la cabeza por ninguna dama. Parece ser que una de sus pretendientes fijas es la hermana de su subordinado, Pitts, lo que supone una fuente de conflictos. No sólo por la relación del que llegado el caso sería su cuñado tipo jefe/subalterno, sino porque la hermana de Pitts es ferviente activista del puritanísimo Ejército de Salvación, cuyos principios son incompatibles con una de las mayores aficiones del sargento, o sea, el trasiego de pintas de cerveza negra.
Blops, que es considerado literalmente por muchos como un "tarugo", muestra una afición desmesurada hacia la lectura de novelas de ciencia ficción, concretamente aquellas que tratan de invasiones extraterrestres, lo cual, además de apasionarle, le crea ansiedad y desasosiego. Esto le causa bastantes sustos, y es motivo de numerosos argumentos de historietas en las que Blops se deja influenciar por la sugestión que le producen esos libritos. Si unimos la “taruguez”, la superstición y la afición a desertar de su puesto en la Police Office para asentarse en “El ave turuta”, el resultado es una de las causas principales para que Blops no logre obtener nunca lo que es su máxima aspiración profesional: el ingreso en Scotland Yard. Y motivo para que el Burgomaestre le castigue arrancándole pelos del bigote...
Desde el edificio del New Scotland Yard (en Westminster, y que es realmente igual que el verdadero edificio), las peticiones de ingreso de Blops son rechazadas una y otra vez por sus superiores. Más concretamente por el capitán Keyasaben (conocido también como capitán Key).
Scotland Yard es el nombre con el que se conoce a la Policía Metropolitana de Londres. Durante 1662, los agentes de policía se reunían a descansar en las dependencias traseras de un castillo medieval. Dicho castillo sirvió de alojamiento durante la época anglosajona a los reyes escoceses cuando visitaban Londres, aparte de ser acuartelamiento para sus escoltas. De ahí que se conociera con ese nombre al lugar, el cual se extendió por asociación a los policías que allí se acuartelaban.
Lo que realmente separa a Blops de su ansiado ingreso es la resolución de un caso de empaque, tarea imposible, ya que Blops es, repetimos, un tarugo, y el Sir está permanentemente adelantándose al pobre policía. Esto lo observa el capitán Key, que seguramente oculta bajo su adusto aspecto varios suspiros de satisfacción por este hecho. Uno de ellos es sin duda provocado por la inestimable cooperación de Sir Tim con la autoridad policial que el capitán representa. Y sospecho que el origen del otro es que las intervenciones del Sir postergan sine die un temido ingreso del zoquete de Blops en la institución policial que Keyasaben capitanea.
El capitán Keyasaben es un tipo grueso y con bigote, y tiene un carácter bastante dictatorial. Quien sufre directamente este carácter, y a diario, es el teniente Nosey, un policía delgado y también bigotudo, que da la impresión de ser más secretario que teniente. Nosey viste con uniforme de policía, distinguiéndose (aparte de por los galones) de sus subordinados por llevar gorra de plato. Keyasaben, debido a su rango, viste de paisano. Pero de paisano policial. Esto es, un traje gris, corbata negra, y sale al exterior cubriéndose con un típico sombreo de ala ancha como los de las películas de policías y una gabardina no menos policial.
El Sir tiene una pretendiente, una aristócrata del lugar, bastante adinerada y enjoyada, viuda de un ex coronel del ejército que está deseando volver a contraer nupcias: Lady Margaret Filstrup, célebre por sus aburridísimas fiestas y de carácter muy jovial al tiempo que estridente, siente cierta atracción por Sir Tim, pero Sir Tim rehuye todo asomo de romance con la dama, o todo lo que su caballerosidad británica le permite. Por otro lado, Blops siente atracción por Lady Filstrup, por lo que esta competencia, que no es tal, sería otro punto a sumar en la cordial enemistad entre el Sir y el Sargento y en la inquina que el funcionario policial siente hacia el habitante de “The Chimes”.
Lady Filstrup es aún más tacaña que Sir Tim. Residente en la propiedad vecina a “The Chimes”, llamada “Old Castle”, tiene a su servicio a un mayordomo, de nombre Perkins, que al igual que Patson, tampoco cobra un penique por sus servicios. Lo que ocurre es que Perkins es un fantasma. A efectos alimenticios sufre menos que Patson… En el caso de Perkins, su uniforme se limita a la parte superior, al carecer de pies por ser una sábana.



En el británico mundo de Sir Tim, los fantasmas solo pueden ser vistos por los nobles y personas de notable inteligencia. Esto mete a Sir Tim en ambos grupos y a Lady Filstrup en el de los nobles. El pobre Patson, hombre de acción, no es noble y por eso no ve a Mc Latha
Aunque sea sobrino adoptivo del Sir, el niño japonés Nikito Nipongo, tampoco es noble, aunque sí que posee una notable inteligencia. Aparece por vez primera en 1977 con su nombre de chiste y habita durante un tiempo en “The Chimes” colaborando en algunos casos. Va vestido habitualmente con uniforme escolar (británico). Puede ver a Mac Latha y demás espectros.
Y ni es noble ni tiene inteligencia notable; de hecho, nos volveremos a referir a él como “tarugo”. Blops sí que puede ver a los fantasmas, y la sola visión de Perkins le ha disuadido en numerosas ocasiones de llevar a cabo sus requiebros a Lady Filstrup. Aunque a Mc Latha no le ve.









jueves, 1 de septiembre de 2022

Manuel Adolfo y su "Pepe Murciélago"

 

En 1945 nace en Oviedo, Manuel Adolfo García Fernández. Allí es muy conocido por sus muchas colaboraciones en La Nueva España y los álbumes de “Aventures de Xuanón”, además de haber publicado historias basadas en la mitología astur, como San Juanín de la lumbre, el Cuélebre, el Diañu Burlón, les Xanes, la noche de San Juan, de la noche de los druidas,etc. También es muy popular La Vaca Venancia, encargada por una marca de chocolates. También dibujó la Historia de Don Pelayo en La Voz de Asturias.
En 1971 comienza su colaboración con Bruguera. "Un día preparé una página para Bruguera y la envié a Barcelona directamente, o tuve mucha suerte, o necesitaban nueva gente para adaptarla a su estilo, ya que estaban demasiado viejos los de siempre. Recibí un telegrama para que me presentara en Barcelona y ... bien, así comencé mi colaboración con Bruguera y el personaje "Pepe Murciélago".
Se publicó por vez primera en Din Dan, pasando posteriormente por casi todas las publicaciones de la casa, bien en forma de nuevas historietas, o como una más de aquellas continuadas reediciones, a lo largo de los 10 años aproximadamente que siguió funcionando la editorial. También dibujó para Bruguera al personaje "Maratón".
"Pepe Murciélago" es uno más de los centenares de personajes que pasaron discretamente por las páginas de aquellos tebeos. Se trataba de un ladronzuelo de poca monta, bastante incapacitado para el desarrollo correcto de su profesión, que se metía en líos con una facilidad pasmosa. Aunque este personaje, que se dibujó durante una década, sufrió metamorfosis acordes con la evolución gráfica de su dibujante, su imagen más característica le retrata con el uniforme completo de caco, camiseta de rayas horizontales amarillas y negras y antifaz incluidos. Tiene un socio, más pequeñín, llamado Teófilo, igual de incompetente que él, con gorra a cuadros y jersey de cuello vuelto. De vez en cuando se asocia con otros facinerosos de los bajos fondos, especialmente con la banda de Al Pepone. Su némesis, como no podía ser de otra manera, es la Policía, representada en este caso por Palomino.




Otro de sus personajes, "Maratón"